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RECUERDO ESTIVAL

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DSCN5276Por: Andrea Osorio Legal. Periodista, Licenciada en Comunicación Social.

Sonaba un rock de la banda norteamericana The Creedence...no recuerdo el nombre, pero mi pequeña hermana lo cantaba con un inglés muy criollo en las orejas de mi mamá que le decía "¡canta más despacio!", mientras yo quinceañera escuchaba a Sui Generis en el personal Stereo y mi otra hermana jugaba con el te-tris

Era la primera semana de febrero de 1995 y mi papá feliz manejando su Honda Accord rojo de dos puertas nos dice: miren, indicando con su dedo al volcán Villarrica, y ahí estaba, imponente, colosal, majestuoso con esa fumarola incansable que cubría su cima. Por fin, luego de más de doce horas de viaje llegábamos desde Santiago al pueblo de Lican Ray. Pero sin duda el camino a Coñaripe nos dejó maravillados. Ese río de lava que descendía del volcán nos envolvía con su fuerza y nos recordaba que estábamos a los pies de aquel que años atrás había hecho desaparecer al pueblo que queríamos conocer.

Por fin llegamos a Coñaripe, su belleza nos encantó, el lago Calafquén con su agradable temperatura y claridad nos invitaba a bañarnos incluso con truenos y relámpagos. Así comenzamos a buscar un sitio donde acampar, luego de tanto buscar precio y calidad encontramos el camping "Los Copihues de Inaicahuín", lleno de robles jóvenes, arrayanes, avellanos, coihues, copihues y con una playa de ensueño lista para nosotros, los campistas.

DSCN5107Salimos con mi papá a buscar leña para la fogata de la noche mientras mi mamá cocinaba una cazuela para reponer el cuerpo luego de tantas horas de viaje.

Nos quedamos ahí y fue genial, el ruido del lago por la noche, la luna apareciendo entre los árboles, mirar las estrellas acostadas en la arena con mi mamá y mis hermanas, y años después con mi esposo e hija, dan la sensación de que eso es realmente la vida, el disfrutar de la naturaleza con quienes uno ama.

Al día siguiente el despertar con los aguiluchos no fue muy agradable, pero me recordaron que estaba en el sur y durmiendo en carpa. El desayuno genial, huevos revueltos con queso preparados por mi papá en la fogata.

Los paseos en bote eran inolvidables, carreras entre todos hacia la "laguna azul" y luego las bombitas desde la roca nos hacían creer que estábamos en algún lugar del Caribe o algo así.

La vida nocturna estaba marcada por las fogatas y por la música de la Scholy´s Discoteque que queda muy cerca del camping a la cual muchos iban, pero otros preferíamos la magia de la orilla del lago con una guitarra y algo para la sed, vi el amanecer acostada en la arena con esa manta que me había regalado mi abuelo mirando el vapor que emana del lago en las noches frías.

DSCN5139Ahí conocimos al Marco, un viejo hippie bueno para los asados y el vino, las noches de conversación con él eran notables y su esposa un poco freak llamando a los hijos para que se fueran a acostar, eran un clásico.

Luego de recorrer muchos lagos y lugares del sur, con mi familia decidimos establecernos cada verano en ese lugar. Un día fuimos a las Termas de Manquecura, donde nos quedamos una noche y sin duda con muchas historias que contar. También salíamos a recorrer localidades cercanas.

Un día nos dirigimos al lago Caburgua para conocer las locaciones de la telenovela "Oro Verde" fue increíble, también fuimos a Pucón, Villarrica y por supuesto, al Volcán donde mi abuela dejó un pequeño recuerdo. Allí donde mi papá, mi tío, primos y hermanas tuvieron la osadía de escalar y casi pasaron de largo por la nieve. Ese mismo día de tanto esperarlos con mi mamá en el refugio no aguanté el hambre y fui a comer los huevos duros que había en el vehículo, fue tanta mi ansiedad que me comí seis, los que me dejaron enferma casi por tres días.

También un verano nos fuimos a navegar por el lago Pirihueico, conocimos Puerto Fuy, Neltume y la Reseva Nacional Huilo Huilo, el lago Pellaifa y pasamos por detrás del Salto del Buey camino a las termas Vergara.

Sin duda las vacaciones con mi familia desde niña fueron geniales, con los años me casé y tuve una hija, así la familia creció y seguimos yendo todos en patota al mismo camping desde hace 15 años, cada verano, cada 1 de febrero nos subimos a la camioneta, nos acomodamos y emprendimos el viaje.

Pero este verano 2010 fue distinto, la vida me hizo crecer y tener responsabilidades, tuve que quedarme trabajando y mi esposo cuidando a mi pequeña. Pena y llanto han marcado esta primera semana de febrero, sin duda que un verano sin ir a Coñaripe es muy triste, veo a diario las páginas de Internet y las fotografías que de una u otra forma me hacen estar allá, pero lamentablemente sigo en Santiago, viviendo la dura realidad de tener que levantarme a las 6:00 de la mañana y volver a casa a las 8:00 de la noche...las vacaciones no se cambian por nada, menos el estar en Coñaripe...el Sendero del Guerrero, lugar de ensueño, magia y naturaleza viva.

Santiago, Febrero, 2010